domingo, 27 de mayo de 2007

Apuntes en el margen de un guión

Le enseñé a casi susurrar en la última frase... Hace años que no le oigo recitarlo. El viernes estuve en una lectura de poemas. Me sorprendió que sólo hubiera un lector... y que el lector no fuera él.


Apuntes en el margen de un guión (Raymond Chandler escribe The Blue Dahlia para la Paramount en 1945)

La vida importa,
aunque el camino recto
acabe siempre en callejones sin salida.
Importa contar historias,
hacer equilibrios sobre la cuerda,
disipar el miedo.
La vida importa,
aunque encontremos oasis
tan sólo de agua salada,
aunque la música que suene
sea tan sólo un baile de burdel.
Importa mantener en pie nuestra palabra,
aunque se tambalee por calles
de automóviles oscuros,
aunque la hayamos vendido alguna vez,
seguramente por amor,
aunque quién sabe.
La vida importa,
la que hacemos nuestra
con un amor acompañándonos
a cuya muerte no sobreviviremos.
Aunque el odio camine con zancos
por encima de las cosas,
aunque el amigo de todos
sea un vendedor de cuchillos,
aunque tan sólo crean a los mismos
que intentan dejarnos ciegos,
la vida importa.
Importa su brillo superviviente,
su tozudez de alcohólico irredento.
Aunque el horror no lo disipe el humo,
ni el bourbon caro,
ni los ojos entreabiertos de la bruma.
Aunque no haya nada que decir,
la vida importa.
Aunque sepas que al final
todos los hombres mueren derrotados.
David Eloy Rodríguez

2 comentarios:

suntzu dijo...

Es una cuestión que me planteo día sí y día no. No sé si importa, pero es lo único que sabemos que tenemos. La vida. Aunque sea un regalo que tenemos que devolver tarde o temprano.

Me gusta el poema. Los escoges bien.

UnaExcusa dijo...

A mí David me gusta mucho. No sé si es por la de horas que compartí con él en la Facultad; porque supo, antes que nadie, del vértigo que me entró en cuarto de carrera, y del abismo... ¿Se puede decir "sensación de abismo"? o porque un día le dije que sería alucinante levantarse todas las mañanas y escuchar una voz como la suya y se emocionó; o porque Josemari me recitó un poema suyo -de David- que se llama Adictos y que escribió en tres minutos una noche de gloria o porque, realmente, cuando los leo, a Josemari y a él, me doy cuenta de que los echo de menos. Que echo de menos sus lecturas poéticas, las actuaciones del Circo de la Palabra Itinerante; saberme poemas de amigos de memoria, como si fueran míos porque son míos... Que echo de menos la voz de David: la voz real, suave, y la voz poética, y su sentido de la resistencia, y de la palabra.