Tomás Segovia
Acabo de entrevistar a Tomás Segovia. Ahora mismo, hace diez minutos. Doce de charla: sobre el exilio, la paternidad, el sexo, los tacos, el enamoramiento, las palabras que se dicen, o no se dicen, en una cama... Yo hablo poco: me río más, porque es lúcido y divertido y lindo y tiene una voz hermosa en la que puede uno esconderse.
Acabo de entrevistar a Tomás Segovia y todavía estoy babeando.

Desnuda aún, te habías levantado
del lecho, y por los muslos te escurría,
viscoso y denso, tibio todavía,
mi semen de tu entrada derramado.
Encendida y dichosa, habías quedado
de pie en la media luz, y en tu sombría
silueta, bajo el sexo relucía
un brillo astral de mercurio exudado.
Miraba el tiempo absorto, en el espejo
de aquel instante, una figura suya
definitiva y simple como un nombre:
mi semen en tus muslos, su reflejo
de lava mía en luz de luna tuya
alba geológica en mujer y hombre.
mi semen de tu entrada derramado.
Encendida y dichosa, habías quedado
de pie en la media luz, y en tu sombría
silueta, bajo el sexo relucía
un brillo astral de mercurio exudado.
Miraba el tiempo absorto, en el espejo
de aquel instante, una figura suya
definitiva y simple como un nombre:
mi semen en tus muslos, su reflejo
de lava mía en luz de luna tuya
alba geológica en mujer y hombre.



