domingo, 20 de noviembre de 2005

KarlMarxStad



I
Resulta que en todas las esquinas hay un rumor de pasos y me paro y aguardo a que se acerquen, igual que un asaltante de pasiones. Pero cuando desenfundo el alma y apunto al corazón, me doy cuenta de que los pasos que escuchaba no eran tus pasos. No eras tú quien venía.
Y resulta también que por las azoteas vuela una paloma y subo de tres en tres las escaleras y trato de alcanzarla y planeo sobre la ciudad por los tejados persiguiéndola, pregunto a los gorriones, me poso en las barandas, llego hasta el mar y cuando al fin la encuentro, me doy cuenta de que tú no eras la paloma.
También resulta que el corazón me avisa tu llegada y lo preparo todo: limpio la casa, saco brillo a mis ojos, extiendo los manteles, pongo sábanas nuevas en la cama y, con el fuego del corazón, enciendo velas que iluminen tu rostro. Y suena el timbre y abro la puerta de par en par y alguien me entrega un sobre, firmo un papel, se va, le doy las gracias.
Voy aprendiendo: ya sé que nunca podré esperarte al doblar una esquina, que cuando te decidas a volar, volarás mucho más alto y mucho más allá que las palomas y que si algún día vienes, ni tocarás el timbre, ni te daré las gracias.
Por cierto: también he aprendido que hasta mi propio corazón me engaña.
ANDRÉS ABERASTURI
II
Y sé muy bien que no estarás. /
No estarás en la calle, en el murmullo que brota de noche /
de los postes de alumbrado, ni en el gesto /
de elegir el menú, ni en la sonrisa /
que alivia los completos en los subtes, /
ni en los libros prestados ni en el hasta mañana. /
No estarás en mis sueños, /
en el destino original de mis palabras, /
ni en una cifra telefónica estarás /
o en el color de un par de guantes o una blusa. /
Me enojaré, amor mío, sin que sea por ti, /
y compraré bombones pero no para ti, /
me pararé en la esquina a la que no vendrás, /
y diré las palabras que se dicen /
y comeré las cosas que se comen /
y soñaré los sueños que se sueñan /
y sé muy bien que no estarás, /
ni aquí adentro, la cárcel donde aún te retengo, /
ni allí fuera, este río de calles y de puentes. /
No estarás para nada, no serás ni recuerdo, /
y cuando piense en ti pensaré un pensamiento /
que oscuramente trata de acordarse de ti. /
JULIO CORTÁZAR
III
SONETOS DEL PORTUGUÉS
El mundo me parece tan distinto /
desde que oí los pasos de tu alma /
muy leves, sí, muy leves, a mi lado, /
en la orilla terrible de la muerte /
donde yo iba a anegarme, /
y me salvó el amor descubriéndome una vida /
hecha música nueva. Aquellas hieles /
destinadas por Dios quiero beber, /
cantando su dulzura, junto a ti. /
Los nombres de lugar son diferentes /
porque estás o estarás aquí o allá. /
Y ese don de cantar que yo amé tanto /
(los ángeles lo saben) me es querido /
sólo porque hace resonar tu nombre. /
ELIZABETH BARRET BROWNING
IV
ESA FLOR INSTANTÁNEA
Miedo a perderse ambos, /
vivir el uno sin el otro: /
miedo a estar alejados /
en el viento de la niebla, /
en los pasos del día, /
en la luz del relámpago, /
en cualquier parte. Miedo /
que les hace abrazarse, /
unirse en este aire /
que ahora juntos respiran. /
Y se buscan y se buscan /
esa flor instantánea /
que cuando se consigue /
se deshace en un soplo /
y hay que ir a encontrar otras /
en el jardín umbrío. /
Miedo; bendito miedo /
que propicia el deseo /
la agonía y el rapto, /
de los que mueren juntos /
y resucitan luego. /
JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO
I, II, III y IV
Esos textos de antes son la banda sonora, junto con muchos poemas más, muchos libros más, muchas canciones y muchos cuadros, de una historia que ha durado años, de un tipo al que siempre soñé de espaldas y que aparece y desaparece y reaparece, así hasta el infinito y durante todos los días de todas las semanas de todos los meses hasta dios sabe cuándo. Yo dejé de saber, pero tengo una certeza, una sola. Jamás he escrito mejor.

Jamás he escrito mejor como cuando escribía por y para otra persona, cuando quería impresionar, admirar y cuando hice mías las palabras de García Márquez: "Escribo para que me quieran". La escritura siempre ha sido mi mejor y más certera terapia, la que me ha salvado de mí misma, la que me ha acercado a los otros: mi mejor medio de comunicación y, muy a menudo, casi el único. La escritura como tabla y como puente, la escritura para buscar ese resquicio de felicidad que nunca o casi nunca se encuentra a pesar de que no podamos parar de buscarlo. Se denomina esperanza.

Ahora sé que las palabras también pueden dejar de existir. Que la esperanza no es lo último que se pierde, sino lo primero, y que, a pesar de todo eso, nunca se deja de esperar, aunque esa esperanza te desespere y sea una compañera angustiosa y un enemigo implacable.

Voy aprendiendo: sé que el corazón engaña, que el miedo arrastra a menudo a la gente cuando está desesperada, que el mundo parece distinto con un sólo nombre al lado y que el único posible deseo es que la esperanza no exista. Voy aprendiendo: esa historia fue indigna, caótica, íntima, desesperanzada, profunda y devastadora. Lo mató todo, lo arrasó todo, lo quemó todo y me dejó con vida. Aunque, al menos, sé que no se me fueron las palabras. Por todo y porque también he aprendido que el futuro es sólo un poema de Cortázar...

1 comentario:

Viuda de Tantamount dijo...

Increible entrada...

Aunque a estas horas, voy espesa y escasa, y no recuerdo la fecha...

Pero...eso, es de lo que se acaba pasando, vuelves a ser la dueña de las letras y dejas que la banda sonora suene siempre a nueva.


B X C