No tengo tiempo
No tengo tiempo, pero hablo con Tomás Segovia. No tengo tiempo, pero me tomo un café telefónico con Luis Mateo Díez. Sigo sin tener tiempo, pero aprendo qué es un coro de cámara, le echo un cable a un artesano, escucho a Montserrat Caballé, consigo el móvil de Juan Echanove (y no le llamo); arreglo el mundo después del trabajo; hablo de libros con Alicia Hermida y Miguel Ángel Lama me habla de libros, veo más teatro que nunca, rastreo películas clásicas, planeo la comida del día siguiente, busco piezas de Dvorak, Mendelssohn, Beethoven, Debussy; lo mismo pincho a Bucéfalo que a Alfredo Kraus; hago malabares para ir al gimnasio, le pregunto a la gente qué lee, qué ve y qué escucha; busco párrafos de libros, me capturan las voces de Doris Lessing, Juan Gelman, Álvaro Mutis, Fernando Fernán Gómez -chicos de Documentación, qué haría sin vosotros-, se me acumula la ropa por planchar en la cama de arriba, me intereso por la Ley del Cine, le pregunto por el urbanismo a Gerardo Ayala, busco qué es un pas de deux y Cecilia Figaredo me habla de su amor por la danza, como en veinte minutos, grabo una entrevista y ocho noticias diarias y entro en dos o tres programas en directo, mientras sigo buscando temas que me interesen para el cuarto, para mi media hora mía, pero no mía del todo; el fin de semana no me alcanza, tengo atrasadísimo el archivo de los cortes de voz, no me da tiempo.
No tengo tiempo, pero disfruto como nunca.
Imagen de PrASanGaM.




