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jueves, 22 de noviembre de 2007

Tomás Segovia

Acabo de entrevistar a Tomás Segovia. Ahora mismo, hace diez minutos. Doce de charla: sobre el exilio, la paternidad, el sexo, los tacos, el enamoramiento, las palabras que se dicen, o no se dicen, en una cama... Yo hablo poco: me río más, porque es lúcido y divertido y lindo y tiene una voz hermosa en la que puede uno esconderse.

Acabo de entrevistar a Tomás Segovia y todavía estoy babeando.




Desnuda aún, te habías levantado
del lecho, y por los muslos te escurría,
viscoso y denso, tibio todavía,
mi semen de tu entrada derramado.

Encendida y dichosa, habías quedado
de pie en la media luz, y en tu sombría
silueta, bajo el sexo relucía
un brillo astral de mercurio exudado.

Miraba el tiempo absorto, en el espejo
de aquel instante, una figura suya
definitiva y simple como un nombre:

mi semen en tus muslos, su reflejo
de lava mía en luz de luna tuya
alba geológica en mujer y hombre.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Escribir el miedo


escribir el miedo es escribir
despacio, con letra
pequeña y líneas separadas,
describir lo próximo, los humores,
la próxima inocencia
de lo vivo, las familiares
dependencias carnosas, la piel
sonrosada, sanguínea, las venas,
venillas, capilares

Lo escribió Olvido García Valdés y yo lancé una voz gozosa en mi trabajo cuando le dieron el Premio Nacional de Poesía. "La poesía sólo escribe el miedo", dijo una vez. Y que la atención, la paciencia y la violencia eran necesarias para ser poeta.

Yo escribo el miedo. Lo he escrito toda mi vida, desde que puedo recordar, porque escribo contra el miedo. Para ponerle nombre y para ahuyentarlo. No me sale demasiado bien.

Ahora tengo miedo de relaciones rotas, de que no me crean, de tensar las cuerdas.

Y ni siquiera sé cómo escribirlo.

Imagen de haciendo click.

viernes, 29 de junio de 2007

La canción pirata


¡Hey, hey manada de perros
siempre detrás
de un barril de ron!

¡Hey, hey empuñad los fierros
siempre al compás
de una maldición!

Hay un tesoro a cincuenta pasos
de ningún sitio en mi corazón,
matad, robad, rellenad los vasos
mientras navega este barco español.

Dadme un mar en la proa del barco
¡hey, hey y un huracán!,
un doblón al que cruce el charco
y otro más para el más rufián.

Alzo mi jarra por Johnny el Tuerto,
¡hey, hey, brindad, brindad!
quedó a vivir en la isla del Muerto
tomad un trago por su maldad.

¡Icemos el ancla, larguemos el trapo,
Soltemos amarras, que baile el timón!
Cortando las aguas, chacal de la espuma,
Siguiendo la estela de un gran galeón.

¡Cargad los trabucos, que brillen las dagas,
Echadle los garfios, cruzad el tablón!
Que suene la danza del sable y la espada
Mi dulce pareja el rugir del cañón.




¡Hey, hey, bailad con los muertos
por Edward, por Morgan
por Henry, por John!

¡Hey, hey, habrá siempre un puerto
cargados de oro
y sedientos de ron!

Quizás nos aguardan collares de esparto,
Quizás nos disculpen en un paredón.
Y allá, bajo el sol, como viejos lagartos,
Se pudra la piel de la tripulación.

Campar como reyes, de Antigua a Lepanto,
Sin jueces, ni leyes, ni gobernador.
Guiñar aburrido y vivir,
mientras tanto,
Borracho de plata, mujeres y alcohol.


¡Hey, hey, qué dulce destierro
me ofrece la mar!
¡Y no quiero el perdón!

¡Hey, hey, prefiero estar muerto
si libre me viese
de mi maldición!

Tortuga, Jamaica, Barbuda, Tobago,
Guanaja, Anegada, Martín, San Andrés,
Tahití, Puerto Plata, Caimán, Maracaibo,
Port Royal, Barbados, Granada y La Fe.



¡Hey, hey, chubascos, tormentas,
mil rayos y truenos,
que llegue el tifón!

¡Hey, hey, borrascas violentas,
que vuele la espuma,
que ruja el ciclón!

¡Subid a las jarcias, largad la mesana,
trincad el juanete, subid al bauprés,
pasad por la quilla a este cantamañana,
robad todo el oro de aquel genovés!

Que coman mis huesos dos mil tiburones,
hacedme la tumba en el fondo del mar,
que allí están dormidos los otros bribones
que dieron su vida por la libertad.


¡Hey, hey manada de perros
siempre detrás
de un barril de ron!

¡Hey, hey empuñad los fierros
siempre al compás
de una maldición!

¡Hey, hey, bailad con los muertos
por Edward, por Morgan,
por Henry, por John!

¡Hey, hey, habrá siempre un puerto
cargados de oro
y sedientos de ron!

Exmanco y Cagafuego.


¿No os recuerda a cierto loro que gritaba "¡Piezas de a ocho! ¡Piezas de a ocho!"?

sábado, 2 de junio de 2007

El papel blanco duro espejo

El papel blanco duro espejo sólo devuelve eso que fuiste. El papel blanco habla con tu voz, tu propia voz, no aquélla que te gusta, tu música en la vida esa que derrochaste. Puede que no vuelvas a ganar si lo deseas, si te clavas a esa cosa indiferente que te lanza atrás ahí donde empezaste. Viajaste, muchas lunas viste, muchos soles, tocaste muertos y vivos, sentiste el dolor del bravo mozo y el gemido de la mujer, la amargura del niño inmaduro, cuanto has sentido se derrumba sin sustento si a este vacío no te fías. Quizás ahí encuentres cuanto creíste perdido, el brote de la juventud, el justo naufragio de la edad. Tu vida en cuanto diste, este vacío es cuanto diste, el blanco papel.

Yorgos Seferis

miércoles, 30 de mayo de 2007

Amistad a lo largo


Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
Mirad: somos nosotros.

Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban las noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.

Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
-esas que ya no dicen cosas-,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.

Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo todos trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos a los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que no sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.

Ay el tiempo! Ya todo se comprende.

Jaime Gil de Biedma.

(La imagen es de su agenda)

Después de todo

Después de todo aún queda espacio
para repensar la vida y convertirla
en un ámbito mucho más silencioso,
al amparo de los inhóspitos desbarajustes
y las inevitables adversidades.
Porque el secreto es que no hay secreto
y que los ritmos y las pausas son la cara
quizá oculta del tiempo no vivido
mientras hacíamos proyectos y nos jugábamos
el pasado y el futuro en inefables
minucias con ademán circunspecto.
Y ahora, ¿qué nos queda además del recelo
y las carencias? ¿Qué compartiremos
con la gente que amamos y nos ama?
¿La oscura complacencia de los secretos
o la riqueza absurda del misterio?
Nada de eso y todo ello, porque el sutil
espejo discreto que nos enciende la mirada
es la nada que siempre descubrimos
sin querer, tercos y audaces,
después de todo, después de cada cosa.


Miquel Martí i Pol

Torpe

En mi corazón ardes
como la llama de infinitas velas.
Pero al quererme calentar las manos,
caigo, apago la luz;
y me tropiezo
contra las mesas y las sillas.

Amy Lowell. Traducción de Juan Ramón Jiménez.

martes, 29 de mayo de 2007

Voces

La voz de David:
La niña de la Alameda

Nuestras cobardías (los látigos)

La voz de Josemari:
Una historia en la ciudad

lunes, 28 de mayo de 2007

Nada que decir

A veces la poesia se queda a medio camino
se niega a desplegarse y coagular
se manosean las mismas palabras
gastadas, ajenas, impotentes
un collage de hojas amarillas
un repetirse a si mismo hasta la náusea
un no decir por miedo
a decir demasiado
y que eso duela hasta lo insoportable
a sentir las verdades hasta la empuñadura
y ni siquiera poder rozar esas verdades
no poder respirarlas
a quemarse los labios
a desgarrarse la garganta
a lacerarse los ojos
y quedarse sin piel y sin carne viva
petrificado
a no ser
y resbalarse en brazos de la muerte
que complete la tarea
y proporcione el alivio final
aboliendo esa esperanza
esa llamita vacilante
fuego fatuo
centella
puerta incandescente
del infierno tan temido
y entonces recurrimos a todas las trampas
para postergar la vida
hasta que la muerte
sin importar la espera
el paréntesis gris y vergonzante
nos acoja en su tibio regazo

No sé su nombre real. En DXC le decimos, se dice a sí mismo, Tragamuvis.

domingo, 27 de mayo de 2007

Apuntes en el margen de un guión

Le enseñé a casi susurrar en la última frase... Hace años que no le oigo recitarlo. El viernes estuve en una lectura de poemas. Me sorprendió que sólo hubiera un lector... y que el lector no fuera él.


Apuntes en el margen de un guión (Raymond Chandler escribe The Blue Dahlia para la Paramount en 1945)

La vida importa,
aunque el camino recto
acabe siempre en callejones sin salida.
Importa contar historias,
hacer equilibrios sobre la cuerda,
disipar el miedo.
La vida importa,
aunque encontremos oasis
tan sólo de agua salada,
aunque la música que suene
sea tan sólo un baile de burdel.
Importa mantener en pie nuestra palabra,
aunque se tambalee por calles
de automóviles oscuros,
aunque la hayamos vendido alguna vez,
seguramente por amor,
aunque quién sabe.
La vida importa,
la que hacemos nuestra
con un amor acompañándonos
a cuya muerte no sobreviviremos.
Aunque el odio camine con zancos
por encima de las cosas,
aunque el amigo de todos
sea un vendedor de cuchillos,
aunque tan sólo crean a los mismos
que intentan dejarnos ciegos,
la vida importa.
Importa su brillo superviviente,
su tozudez de alcohólico irredento.
Aunque el horror no lo disipe el humo,
ni el bourbon caro,
ni los ojos entreabiertos de la bruma.
Aunque no haya nada que decir,
la vida importa.
Aunque sepas que al final
todos los hombres mueren derrotados.
David Eloy Rodríguez

domingo, 20 de mayo de 2007

Óyeme con los ojos, ya que están tan distantes los oídos...

Pedía que Dios le quitara el entendimiento, porque no quería irritar al Santo Oficio. Es de las escritoras más irónicas (con permiso de Emily Dickinson) que me he encontrado jamás, y de las más ácidas y, con mucho, la más dura. Mi hermano pequeño la llama "la monja forzosa". Una amiga mía se enamoró de ella hace ya no sé cuántos años, consiguió ediciones antiguas de sus libros (que colecciona como colecciona relojes) y me regaló sus poemas. Todos leemos para encontrar una mente más lúcida, más sabia, más inteligente, más asombrosa que la nuestra (lo que me duele es que para eso no haga falta mucho, en fin).


Suntzu, me resulta complicado elegir un poema para regalarte... Así que dos sonetitos. Para que se los enseñes a tus alumnos...

A su retrato - Soneto CXLV

Éste que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:

es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

Al que ingrato me deja, busco amante

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata,
triunfante quiero ver al que me mata
y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo;
de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo, por mejor partido, escojo;
de quien no quiero, ser violento empleo;
que, de quien no me quiere, vil despojo.

Sor Juana Inés de la Cruz

sábado, 19 de mayo de 2007

Una espada

De él sólo sé que es argentino, que en su tumba hay dos versos de la Völsunga Saga y un grupo de siete guerreros con la espada rota y sin escudos. No me interesa su vida, ni sus amores, ni su ideología política. Sólo que el paraíso era una biblioteca, que escribió el otro poema de los dones por el que Sonia y yo hacemos un inventario de motivos contra la desilusión cada cierto tiempo y que el caballo del ajedrez "está en el encabalgamiento" (palabras textuales de Vázquez Medel durante una clase de literatura que me cortaron la respiración y me pusieron los pelos de punta). De él sólo me interesa que escribió cosas como ésta:



Una espada,
una espada de hierro forjada en el frío del alba.
Una espada con runas
que nadie podrá desoír ni descifrar del todo,
una espada del Báltico que será cantada en Nortumbria,
una espada que los poetas
igualarán al hielo y al fuego,
una espada que un rey dará a otro rey
y este rey a un sueño,
una espada que será leal
hasta una hora que ya sabe el Destino,
una espada que iluminará la batalla.

Una espada para la mano
que regirá la hermosa batalla, el tejido de hombres,
una espada para la mano
que enrojecerá los dientes del lobo
y el despiadado pico del cuervo,
una espada para la mano
que prodigará el oro rojo,
una espada para la mano
que dará muerte a la serpiente en su lecho de oro,
una espada para la mano
que ganará un reino y perderá un reino,
una espada para la mano
que derribará la selva de lanzas.
Una espada para la mano de Beowulf.

Jorge Luis Borges

sábado, 12 de mayo de 2007

Interpretaciones

Hasta ahora, este poema me había parecido más tierno que revanchista. Hoy he comenzado a pensar que quizá pide cierto tipo de pago de deudas...

Dame cobijo
con toda la ternura
que te he prestado.
Mario Benedetti.

lunes, 7 de mayo de 2007

Una vez

Una vez quise. Quise de la manera en que quiere todo el mundo: definitiva, abismal, sin esperanza. Luego he querido de otras formas. Sin lágrimas, porque nunca las tuve, pero me las devolvieron con creces durante un año; con calma, como si se pudiera querer calmadamente; contenida, porque no es lo mismo el control que la represión, me repetí, aunque jamás haya llegado a creerme del todo aquella frase. Me regalaron cuadros de Georgia O'Keefee, Chagall y Klimt; poemas de Miguel Hernández, José Hierro, Ángel González, Goytisolo, Barrett Browning, Alejandra Pizarnik y otros cientos; canciones de Ella Fitzgerald y Andrés Calamaro. Ya no miro títulos de libros pensando que estarán en su estantería, pero tampoco hace falta porque soy parte de él. Y con esto quiero decir precisamente eso: que ciertas partes de mí, ahora, le deben lo que son. Que le debo lo que soy o parte de lo que soy o algunas de las mejores partes de mí. No he vuelto a querer así. Dudo mucho que vuelva a querer así.


La jaula

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa
desnuda en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.

Alejandra Pizarnik.

Lo que hago mejor últimamente es alejar a la gente que me importa.

viernes, 4 de mayo de 2007

Ahora que pierdo

Ahora que pierdo lo que soy, o que tengo conciencia de haberlo perdido, y llega el cansancio y ya no hay la costumbre de desear un buen día ni de dar (o mandar, que es casi lo mismo, pero no es igual) un abrazo o un beso o mil al llegar al tajo. Ahora que llegan otros y se van (o creo que se van) algunos. Ahora que aparece el hastío y regresa el silencio y me enamoro de unas letras y una voz y no tengo ganas de hacer nada ni de escribir nada, leo a Szymborska y lamento, como nunca, no saber, no poder, escribir poemas.


Discurso en el depósito de objetos perdidos

Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.
Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

Wislawa Szymborska
De "Si acaso" 1978 Versión de Gerardo Beltrán

Una del montón

Soy la que soy.
Casualidad inconcebible
como todas las casualidades.

Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.

En el vestuario de la naturaleza
hay muchos trajes.
Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
Cada uno, como hecho a la medida,
se lleva dócilmente
hasta que se hace tiras.

Yo tampoco he elegido,
pero no me quejo.
Pude haber sido alguien
mucho menos individuo.
Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,
partícula del paisaje sacudida por el viento.

Alguien mucho menos feliz,
criado para un abrigo de pieles
o para una mesa navideña,
algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.

Árbol clavado en la tierra,
al que se aproxima un incendio.

Hierba arrollada
por el correr de incomprensibles sucesos.

Un tipo de mala estrella
que para algunos brilla.
¿Y si despertara miedo en la gente,
o sólo asco,
o sólo compasión?

¿Y si hubiera nacidono en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?

El destino, hasta ahora,
ha sido benévolo conmigo.

Pudo no haberme sido dado
recordar buenos momentos.

Se me pudo haber privado
de la tendencia a comparar.

Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien completamente diferente.

Wislawa Szymborska
Versión de Gerardo Beltrán.

domingo, 29 de abril de 2007

El loco


Mostró a los ancianos
su ropa empapada,
su pelo mojado,
sus manos llenas de barro.
La lluvia no llegará, le dijeron,
tú sabes que la lluvia no llegará.


José María Gómez Valero.

sábado, 28 de abril de 2007

Estos son mis poemas


Estos son mis poemas.
Los escribí en curiosas circunstancias,
por intensas razones,
pensando no en usted concretamente,
pero sí en algún otro / alguna otra
que puede asemejársele.

Los escribí en silencio
mientras mi padre hablaba con mi madre
de trances y propósitos:
este niño no estudia, hay que hacer algo,
sólo piensa en poemas todo el día.

Los escribí una tarde de cigüeñas,
una noche de lluvia,
una mañana azul que bien pudiera
haber sido amarilla, roja o verde,
pero era azul; azul y yo cantaba.

Estos son mis poemas.
Los escribí al dictado de la sangre,
casi siempre atraída
por la complejidad de la belleza,
aunque algunos sean simples como nudos de sirga,
sencillos como el paso de una nube.

Los escribí escondido en cualquier sombra,
sentado en cualquier plaza,
mientras mi corazón se iba descalzo
por caminos de pluma, por calzadas de ortiga.

Estos son mis poemas; son todo lo que tengo
(que es más de lo que muchos hombres tienen).
Quien los ama, los gana.

Los escribí pensando en esa niña
de cuyo cuerpo supe la hermosura
mientras su tren partía
(mi vida en dos mitades silenciosas);
pensando en el amor no desatado,
las cosas por decir, la luz del hombre,
la oculta certidud
de la que las pasiones se alimentan.

Estos son mis poemas. No se asusten
si los encuentran bellos,
si los leen en voz alta y se les queda
su sabor a manzana entre los labios,
si los lanzan al fuego
y el fuego los deflagra comúnmente,
sin advertir siquiera su materia
de tinta y esperanza.

Estos son mis poemas.
Los escribí en curiosas circunstancias,
(casi siempre tocado por la vida),
mas también por la muerte, las sutiles
caricias de la muerte.
Si los dejan sonar, oirán mi aliento.
Son más que unos poemas: son un hombre.

José Manuel Díez


No me ocurría desde Luis Melgarejo, José María Gómez Valero o, sobre todo, David Eloy Rodríguez, porque en cuestión de poesía, siempre voy a lo seguro. Pero le escuché un día, y me leyó un poema sobre un loco, y rogué por un libro suyo y acabo de descubrir su blog.

No escribo nunca sobre literatura. No me interesa, o no me sale, o es demasiado íntimo. No recomiendo libros ni pongo libros en las manos (salvo a muy pocas personas a las que les permito hacer lo mismo: mi madre, mis hermanos, algunos de mis amigos). Pero sí cito a quienes me gustan (y de eso este blog es buena prueba) aunque no estén todos los que son.

Escribe bien. Escribe muy bien. Y eso es lo único que se puede decir de quien escribe.

jueves, 4 de enero de 2007

Bajo una pequeña estrella




Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.


Wislawa Szymborska
Versión en español de Abel A. Murcia

viernes, 8 de diciembre de 2006

Yo misma fui mi ruta




















Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la espresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.
Y fui toda en mí como fue en mí la vida…

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.

Julia de Burgos

viernes, 20 de octubre de 2006

Noche oscura





















Noche oscura. Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.


En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!,
¡oh noche amable más que la alborada!,
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.
Quedeme y olvideme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo y dejeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

San Juan de la Cruz.