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sábado, 15 de septiembre de 2007

"Como si se lo contaras a tu abuela"

"Cuéntalo como si se lo contaras a tu abuela". Ésa es la primera consigna. Que no haya que coger el diccionario, que uses un lenguaje ramplón, muy llano, muy analfabeto. La eterna lucha entre la nivelación por arriba y por abajo. Que soy muy literaria, que ahora es un insulto; que hablo de películas como Ordet y de canciones como Hallelujah y que todas mis piezas van con música clásica.

"Como si se lo contaras a tu abuela", me repetían. La tercera vez, alcé los ojos. Y conté, yo. Que a mi abuela no la dejaron estudiar Derecho y tuvo que ser maestra, que era más acorde con eso de ser mujer. Que fue la número uno de su promoción. Que dirigió, en la sombra, alguna que otra institución educativa (el famoso fue su marido, por supuesto). Y que era roja como la sangre roja y parió nueve hijos sin instinto maternal alguno y fue invisible para todos, pero tenía una mente privilegiada que fagocitaron su femineidad y su época. Por este orden.

Y que, desde que comencé a trabajar, eso es lo que hago y no otra cosa. Contarlo como si se lo contara a mi abuela.

Imagen de Héctor_LP.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

¿El último que ha escrito?


Imagen de Julio Cortázar de aquí.

I
Mi madre, en El Corte Inglés:
-Perdone: ¿Rayuela, de Julio Cortázar?
-No me suena... ¿De quién?
-Julio Cortázar.
-No sé... No es muy famoso, ¿no? Si me puede decir lo último que ha escrito...
-Se murió en 1984.- Lo dijo ladrando, lo sé.

Media hora después, en casa, contándolo: "Y encima se acerca una tía rubia con un abrigo de visón -y yo preguntándome de dónde me vienen a mí ciertas fobias- y le dice: "¿Alguna de Danielle Steel?" y ésas sí que las conocía. Que digo yo que si van a trabajar en la sección de libros, por lo menos que les den un barniz".

Antes se hubiera escandalizado. Será la edad, pero ahora con estas cosas se pone triste.



II


Imagen de Mario Benedetti de Rodolfo Fucile.



Yo, en la Librería Pizarro, de Almería:
-Perdone, ¿los Cuentos completos de Mario Benedetti?
-No sé. ¿Has mirado en Infantil?


Este mensaje es una respuesta.

viernes, 10 de agosto de 2007

Familia no hay más que una II

En el principio era el Verbo, y esa frase nos sirvió para un cuarto de hora de charla: el verbo, la palabra, el logos, la filosofía japonesa, El Evangelio según Jesucristo y El Paraíso perdido, Saramago, Milton, Shakespeare siempre, un Trivial, Lope de Vega, Alejandro Casona.

En el principio era el Verbo y en mi casa siempre se comienza, y se termina, hablando de Literatura...

Creo que nunca lo agradeceré bastante. Crecí esperando un constipado porque eso significaba cómics de los Vengadores, la Patrulla X, Spiderman. Con estanterías llenas de libros en los que aprendía a deletrear nombres: Somerset Maugham, Steinbeck, Rilke, Papini, Williams, Conrad, Zweig, Twain, Stevenson, Kipling, du Maurier, Goethe, Mann. Con señoras gordas haciendo gorgoritos y Alfredo Kraus a todas horas. Desde entonces, cuando llego a una casa extraña, me detengo en las estanterías: junto con la manera de escribir de alguien, es lo que me da una idea más fiel sobre quién es. Si no hay libros, o si hay pocos, me sube un sabor de bilis a la garganta.

Ahora me esperan muchos, pero sólo me dedico a ver teatro. Y a sufrirlo.

domingo, 17 de junio de 2007

Paul Potts y Connie

No me gustaban los vídeos. Pretendía no colgar vídeos en el blog, pero es que no me puedo resistir... Esta mañana le contaba a mi hermano que había un tipo, en el Factor X inglés que se había presentado al casting para cantar el Nessun Dorma del Turandot de Puccini. Paul Potts se llama y canta así:




Hermano mayor, que según mi tío Juan (que habla tan gráficamente como sigue) "comienza a cantar en do mayor como quien se rasca la punta de la polla", se ha pasado toda la mañana regalándome el Nessun Dorma y Los cuentos de Hoffmann, que es mi ópera favorita y, cuando hemos llegado a casa de mi padre, les he puesto el vídeo, todos con la piel de gallina, mi padre cantando el Nessun Dorma también y lección de música sobre cómo canta los bajos una cría de seis años que se llama Connie y cuyo Over the rainbow les dejo aquí abajo...



Y en España, el más famoso, el Ponte el cinturón. Si ej que...

domingo, 27 de mayo de 2007

El ciego de la plaza

Hace frío y olor a yerbabuena.

La gente apenas para ya en la plaza para escuchar los cuentos del ciego que, entre temblores, busca bajo las galerías un abrigo.

La tabla laminada, que antaño era acosada por los ojos de los niños, ahora permanece tranquila, sumida en su niebla, quizá inventando nuevos cuentos.

El agua de la fuente está congelada, incluso detuvo su caída en ese borde quebrado, formando una lágrima de cristal.

Un ruido bajo las galerías.

El ciego intenta hacerse un ovillo para evitar la pérdida de calor y esconde su barba desarraigada bajo el cuello, como si fuera una bufanda, tal vez.

Calienta sus manos, oscuras y callosas con el vaho (siempre me ha parecido humo), que escapa de su pecho.
Me recuerda por un momento a mi abuelo.
De alguna forma, todos los viejos me recuerdan a mi abuelo.

Me veo en el salón de su casa, sentado en el suelo muy cerca de la chimenea ("échate atrás, que te vas a quemar") y el aroma del tabaco de pipa y la copa de vino sostenida por uno de los brazos del sillón, donde tras mirarnos a todos sus nietos, comenzaba a hablar.
Yo me daba la vuelta, con la cara enrojecida por el calor y miraba su rostro sonriente (enrojecido por el vino), y me disponía a devorar ávidamente ese cuento que estaba por comenzar.

Un ruido.
El ciego levanta su cabeza, estira el cuello como si fuera un perro de presa.
Sale de su refugio y se encamina hacia su tablón.
Veo las golondrinas piando donde hubiera haber crios.
Quizá el anciano también se esté quedando sordo y no distinga el silbido de los pájaros de las risas de los niños.
Deja su escudilla en el suelo, sin ninguna moneda y comienza a resonar su voz profunda, perfectamente modulada, hipnótica a los oídos.
(El Cid hace jurar a su rey).
Incluso los pájaros se callan y miran con curiosidad a ese hombre harapiento que gesticula tan rápido, que a veces brama y otras susurra.
Pero al segundo golpe del bastón, apuntando con total precisión sobre uno de los dibujos, los pájaros escapan, temerosos de que el tercer golpe se dirija contra ellos.
(El Cid parte al destierro)
Ciego y sordo, ni siquiera sabe que ni los animales le atienden.

Vuelvo a mi cabaña de campo, la voz de mi abuelo, (los moros abren un cofre y descubren que tan sólo hay piedras), el olor a pan tostado, Chico tendido sobre la alfombra, con sus grandes orejas, lamiéndole la mano.

(No son gigantes, señor, sino molinos de viento.)
¿Gigantes?, ¿cuánto tiempo he perdido sumido en mis pensamientos?
El ciego permanece solo, en medio de la plaza, en medio de la niebla.
(El Quijote derrota al caballero de Los Espejos).
En mis recuerdos, otro caballero rescata a la princesa Rapunzel, trepando por su larga melena dorada.
En la plaza, Sancho mira abatido la derrota de su señor a manos del caballero de La Blanca Luna.

El ciego tiembla, tiembla demasiado, comienzo a preocuparme y me dirijo hacia donde se encuentra.
A mi abuelo le tiembla la voz, y entre tosidos construye en nuestras mentes una casa de chocolate y caramelo.
Se desploma en medio de la plaza, corro a ayudarle, intento tomarle el pulso, pero tiene demasiada ropa sucia y desgarrada, aflojo sus botones, un olor acre asciende de su cuerpo, toco el cuello del ciego (su barba es cálida), está muerto.

Vuelvo a mi cabaña, acabo de despertarme y me dirijo al salón, a saludar a mi abuelo (él se levanta pronto), una tía llora en la puerta, ("no dejéis que entren los niños")
(Don Quijote muere en su cama)

Los cuentos también se mueren, han quedado esclavizados en paredes de papel, ya no vuelan con la voz de mi abuelo, con la voz de los ciegos, ahora los niños se asustan de esa cárcel encerrada entre dos gruesas pastas.
Y lloro mientras sujeto el cuerpo del ciego, de la forma en que me impidieron llorarle a mi abuelo. Y le imploro que siga narrando esas historias a los niños...
E insisto en que no pronuncie la palabra...
FIN

(Siempre se me anuda la garganta cuando leo este cuento. Quizá porque lo escribió mi hermano. Quizá porque habla de mi abuelo).

Color de cera

Tus huesos abrazan la piel
que tiene el color de la cera,
y se pierde y se pierde el aliento,
y te entierra, te entierra la arena.

Se hunden los pechos henchidos,
las lágrimas parece que pesan,
sobre un lecho de blancas flores
se marchita, marchita la arena.

Un nieto, de los veintiuno,
que dijo querer ser poeta,
no encuentra palabras sentidas
que escarben, que escarben la arena.

El marido por quien deshojaste
aquellas ciegas horas muertas,
dejó su perfume en el nicho
que llenan, que llenan de tierra.

(Siempre se me anuda la garganta cuando leo este poema. Quizá porque lo escribió mi hermano. Quizá porque lo compuso en el entierro de mi abuela).

domingo, 29 de abril de 2007

Familia no hay más que una

Mamá: Miguel Hernández es un pena.

Yo: Pero mamá, si tú no lees poesía...
Hermano menor: Que no, que no es un pena.
Hermano mayor: A mí me parece un pena.
Mamá: A ver, dónde están los libros de Miguel Hernández.
Yo: Ahora voy. Toma -a hermano menor-: busca el poema de La Boca, que es una maravilla. Ese poema me lo regalaron hace años, me lo regaló Neno, junto con mil más. Yo le tengo cariño a Miguel Hernández, no sólo porque me guste, sino porque el abuelo de Carmelo era íntimo amigo suyo y la abuela de Carmelo le llevaba comida a la cárcel a los dos.
Hermano menor hojea y se ríe y hace un descubrimiento: Joer, este tío es un pena.
Mamá: ¿Ves como era un pena?
Yo, cojo el libro, leo La Higuera: Qué coño un pena, este tío es pornográfico.
Hermano mayor, que tira pa lo suyo y a él Miguel Hernández se la refanfinfla: ¿Tú no tenías un libro en edición bilingüe de los poemas de Shakespeare? Y se pone a recitar a Shakespeare, en inglés, párrafos enteros de obras de teatro, que se las sabe de memoria.
Yo: Sí, ahora voy.
Novia de hermano mayor lee a Shakespeare en inglés.
Hermano mayor: Si es que las traducciones se cargan los poemas. Mira, mira: mira la musicalidad.
Yo: Pues sí, pero si traduciendo es la única manera que tengo de leer a Ana Akhmatova, qué quieres que te diga. Porque yo le regalé a tu hermano una edición bilingüe de Schiller, alemán-español, y oye, dudo mucho que se la haya leído en alemán.
Mamá: Bueno, id poniendo la mesa.
(Transcripción de una charla el 5 de abril en mi casa).