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lunes, 15 de octubre de 2007

De conciertos y ambientes

El niño ríe y grita y salta sobre un pie y juega y se emociona y me regala -creo- un puñaíto de palabras. Le brillan los ojos y canta y deja cantar y le arropan los amigos. No fue perfecto, porque hay un teatro en mi ciudad con una acústica espantosa en el que se empeñan en hacer conciertos o porque algún duende de esos suyos jugó con el sonido. Pero había una niña que movía los brazos, dos amigas mías que saltaban, muchas miradas y, sobre todo, mucho asombro. Repetiremos, supongo.
Algún día hablaré del fenómeno fans.

lunes, 13 de agosto de 2007

Dos pájaros de un tiro

No cantaron Esos locos bajitos, ni Pendiente de ti, pero sí Lucía, Mediterráneo y Aquellas pequeñas cosas... Tampoco cantaron Con la frente marchita, ni Como un dolor de muelas, que es mi canción del llanto, la que más me define, la que más me hace llorar; ni la Balada de Tolito, que también es triste porque Sabina es mucho mejor componiendo temas tristes... Pero me creí, como siempre, que hoy puede ser un gran día y se me puso la piel de gallina cuando escuché los primeros acordes de Pueblo Blanco, porque, cuando estoy aquí siempre me imagino Andalucía y, cuando estoy allí, veo Extremadura.

Canté. Canté como nunca, canté mejor que nunca, bailé, me emocioné y me reí. Toqué madera, boté, le vi las arrugas a Serrat, le tembló el corazón por la garganta y recordé. Recordé que este hombre, que estos hombres, me han acompañado durante años. Que he utilizado al Nano para trabajos de Facultad, que me he emborrachado con Sabina, que Sabina sirvió para que un tipo tímido cantara y que le han puesto música a mil tardes escribiendo.

Ya que no voy a poder ver nunca a Alfredo Kraus, a Billie Holiday y a Frank Sinatra, bien me vale Cáceres. Bien me valen Serrat y Sabina, Sabina y Serrat, el noi del Poble Sec, el de Úbeda, el sufridor del Atleti, el seguidor del Barça, el Nano, Joaquinito. Bien me valen estos dos pájaros, que vuelan tanto y tan bien juntos.

domingo, 22 de julio de 2007

Gerardo

Le lleva el órgano a los integrantes de la Capilla Real de Madrid y se quedó en la mesa más lejana, donde yo estaba sola, para mantener una conversación conmigo, porque me observó hablar con otros dos y pensó: "vaya: ¿y esta tía?". Es de San Sebastián, querría cultivar cerezos del Jerte pero allí arriba no existen la tierra ni el clima.
Ese día hacía mucho frío. El verano se volvió loco, pero cantaron, y tocaron, maravillosamente. Aunque tuvieran que reafinar los instrumentos una y otra vez ("que son viejitos"). Pero lo mejor fue el encuentro fugaz, porque hacía mucho que no hablaba tanto tiempo con un desconocido sin sentirme incómoda y sin quedarme sin palabras y sin pensarme extraña o tímida.
Luego me contó que se había quedado por eso. Porque me oyó hablar. Y, cuando se despidió me dijo: "eres muy amena y muy divertida".
Qué bien sienta creerse ciertas cosas...

Fotografía: Jorge Armestar.