Familia no hay más que una
Mamá: Miguel Hernández es un pena.
Yo: Pero mamá, si tú no lees poesía...
Hermano menor: Que no, que no es un pena.
Hermano mayor: A mí me parece un pena.
Mamá: A ver, dónde están los libros de Miguel Hernández.
Yo: Ahora voy. Toma -a hermano menor-: busca el poema de La Boca, que es una maravilla. Ese poema me lo regalaron hace años, me lo regaló Neno, junto con mil más. Yo le tengo cariño a Miguel Hernández, no sólo porque me guste, sino porque el abuelo de Carmelo era íntimo amigo suyo y la abuela de Carmelo le llevaba comida a la cárcel a los dos.
Hermano menor hojea y se ríe y hace un descubrimiento: Joer, este tío es un pena.
Mamá: ¿Ves como era un pena?
Yo, cojo el libro, leo La Higuera: Qué coño un pena, este tío es pornográfico.
Hermano mayor, que tira pa lo suyo y a él Miguel Hernández se la refanfinfla: ¿Tú no tenías un libro en edición bilingüe de los poemas de Shakespeare? Y se pone a recitar a Shakespeare, en inglés, párrafos enteros de obras de teatro, que se las sabe de memoria.
Yo: Sí, ahora voy.
Novia de hermano mayor lee a Shakespeare en inglés.
Hermano mayor: Si es que las traducciones se cargan los poemas. Mira, mira: mira la musicalidad.
Yo: Pues sí, pero si traduciendo es la única manera que tengo de leer a Ana Akhmatova, qué quieres que te diga. Porque yo le regalé a tu hermano una edición bilingüe de Schiller, alemán-español, y oye, dudo mucho que se la haya leído en alemán.
Mamá: Bueno, id poniendo la mesa.
(Transcripción de una charla el 5 de abril en mi casa).
